• Sergio Mejía

Quarantine home o el problema de la talla chica.

Actualizado: nov 24


Estos días, gran parte de la población hemos estado cobijados por nuestras viviendas, haciendo actividades que normalmente realizamos en otro tipo de espacios. En algunos casos las condiciones de habitabilidad han sido suficientes para realizar estas actividades, en otros pocos las condiciones han sido óptimas, sin embargo, la realidad de las mayorías siempre debe regir nuestras miradas y propuestas.


Cuarentena. 2020. Ilustración realizada por Sergio Mejía.

Tomando en cuenta que el 78% de los hogares en México se encuentran asentados en zonas urbanas, usaremos como ejemplo el caso de la Ciudad de México donde existen alrededor de 2,714,955 viviendas en las cuales habitan 8,810,212 personas. De estas viviendas, el 64% son casas, el 32.67% son departamentos, 1.87% son vecindades, 0.32% son cuartos en azoteas y 0.24% no están especificadas.


La Encuesta Nacional de Hogares de 2017 del INEGI, señala que el promedio de personas por vivienda es de 3.2, cabe mencionar que este dato es conceptualizado erróneamente como el “tamaño de vivienda”, siendo que hace referencia más bien a su capacidad.


Lo anterior nos lleva al problema del hacinamiento, según la ENH, tan sólo 621,378 personas viven hacinadas, es decir el 7.05% de la población que habita el total de las viviendas en la ciudad. El criterio utilizado para diagnosticar hacinamiento va en función de la cantidad de personas que habitan un espacio (más de 2.5 personas por cuarto), sin embargo, este criterio no toma en cuenta el tamaño del mismo, el intercambio de aire viciado, la iluminación, etc. Es decir, si una persona habita un cuarto de 4m2 sin ventanas, no es considerada hacinada. Por poner un ejemplo más práctico: el Estado considera que las 8774 personas que viven en cuartos de azotea, que generalmente son trabajadoras domésticas, viven bajo condiciones de habitabilidad, siendo que un cuarto de azotea no cumple con las dimensiones óptimas para cobijar una vida humana.


Entonces, ¿cuántas personas realmente viven hacinadas en la CDMX?, basta recurrir a la misma fuente para darse cuenta de que aquí hay algo mal relacionado. Recordemos que 621,378 personas viven hacinadas según criterios de la ENH, pero también se informa que 5,166, 800 personas encuestadas en sus hogares sienten preocupación o nerviosismo, 2,845,738 tienen depresión y 4,125,654 sienten fatiga, ciertamente es arriesgado asumir que la totalidad de estos casos sean consecuencia del hacinamiento en la vivienda, seguramente muchos de ellos se deben a condiciones de inseguridad, problemas laborales, económicos, etc., es decir, alteraciones del entorno físico natural, artificial y el entorno no físico, ¿podríamos hablar de un hacinamiento urbano?, un hacinamiento de las ciudades, ¿Cómo se potencializa en estos días de contingencia?.


Cuando Rem Koolhaas publicó su manifiesto “Grandeza o el problema de la talla” en 1955, puso en crisis las grandes escalas de la arquitectura posmoderna, habló de la masa crítica y cómo a partir de cierta magnitud de esta masa los edificios pierden su carácter (dejan de desvelar lo que son y para qué son), sus partes adquieren autonomía (desobedecen un orden sistemático), también invalidan un repertorio clásico arquitectónico y no pretenden formar parte de un tejido urbano, lo rompen.