• Sergio Mejía

Poderística de la arquitectura y su convergencia en [el] museo moderno.


Un desafío actual de las luchas sociales latinonamericanas es sin duda llegar a comprender y socializar la comprensión del concepto de poder, desmentir ciertas categorías que lo envuelven y que hacen de los grandes movimientos sociales infinitas espirales teóricas que en muchos de los casos desembocan en el reformismo y la optimización de los distintos dispositivos de opresión. En este texto me propongo partir de los conceptos útiles del poder, sus modos de operar y su aplicación en, desde y por la arquitectura para llegar a la puesta en crisis de la utilidad actual d[el] museo moderno como dispositivo de opresión y control de lxs cuerpxs.


Una de las grandes mentiras del S.XX y S.XXI fue sin duda la adopción de una inocente ideología puramente trascendental del poder. Haberlo entendido como un ente local (ej. "el poder está en el sistema político"), piramidal (ej. "el poder proviene de una punta social privilegiada y se aplica sobre los diferentes estratos sociales"), traficable (ej. "tal mandatario heredó el poder a su hijo") o la falacia postmarxista de la subordinación (ej. "el poder se establece a partir de los modos de producción").


Poder y saber en el problema de la razón occidental.


¿De dónde proviene este entendimiento trascendental del poder y hacia dónde queremos llegar?. Durante decenas de siglos, la humanidad ha preservado abiertamente conocimientos tan vigentes como la agricultura, la medicina herbolaria, la crianza colectiva, entre otros. Por otro lado conocimientos como la astrología, la alquimia, la magia o la propia filosofía hermética han permanecido ocultos a lo largo del tiempo en distintas sociedades secretas y sectas.


En el caso de la filosofía hermética occidental, sus raíces siempre serán un debate, pero muchxs afirman que aquellos conocimientos provienen del Antiguo Egipto, específicamente de las enseñanzas de Hermes Trismegisto, contemporáneo de Abraham, herendando la tradición generacionalmente y llegando a filósofos como Heráclito de Éfeso, quien ya comprendía muy bien el devenir dialéctico, caótico e inconmensurable de la experiencia en el mundo.


Hermes Trismegisto, ca. 1220-1263. Mosaico. Catedral de Siena.

Lxs griegxs [pre-socráticxs/pre-razón], sabían y entendían muy bien la naturaleza trágica de la existencia humana en la experiencia del caos y la abrazaban, convivían y creaban desde el arrojo y el sinsentido de la voluntad de poder [el sentido óntico]. Se cree que con la llegada de Sócrates y Parménides, se institucionalizó la razón pura en el pensamiento occidental, la búsqueda por la verdad originaria y la medida de todo lo existente a través del dominio de la naturaleza, tradición que fue medianamente canalizada con la llegada del cristianismo y su evolución durante la Edad Media y ya en vísperas de la modernidad, con las leyes del movimiento de Newton y el darwinismo, termina de instaurarse la ciencia moderna como institución universal de validación y gestión del conocimiento, tomando como referencia la tradición socrática para dar a luz a su gran estandarte: el método científico.


Hoy la ciencia institucional, desde la cuántica hasta la astronomía, ha llegado a un punto de sinsentido en sus edificios teóricos trascendentales, teniendo que enfrentarse todos los días a la paulatina aceptación óntica de la contradicción, la incertidumbre, el aumento del caos en los sistemas y la contingencia. Estancados en los umbrales de la razón, ejercen formas de poder sobre los conocimientos ancestrales, apropiándoselos y presentándolos como soluciones técnicas que buscan complacer mercados y oportunidades de hiperproducción.



Círculo cromático de J.W. von Goethe. [1810]. Lamina obtenida de Teoría de los Colores.


Poderística: una alternativa.


Habiendo revisado los postulados trascendentales del poder y su perjuicio para el pensamiento contemporáneo, jugando con la misma lógica podríamos proponer un entendimiento óntico del poder, en el cual estaríamos resignados a las fuerzas universales esperando el día del juicio final con los brazos abiertos. Sin embargo al tratarse de un juego dialéctico, no podríamos jugarlo más que por ninguna y las dos vías, ni la óntica, ni la trascendental. Hablamos de un entendimiento poderístico del poder.


Michel Foucault describió el poder como una relación de fuerzas y toda relación de fuerzas como una relación de poder, siempre en multiplicidades, actuando de sistema en sistema como un montón de tamices sobrepuestos que segmentan, facilitan e inducen a lxs cuerpxs. Sabemos gracias a la experiencia en lucha, que el poder es algo mucho más complejo, difuso e inconmensurable y entendemos perfecto que debemos situarnos en nuestras propias resistencias sin dejar de hermanarlas. La ideología trascendental del poder nos hizo mucho daño, ya que mucha resistencia se disipó luchando contra un poder sin cara, mientras sus formas seguían operando, infiltrándose en las luchas y haciéndose cada vez más invisibles, ahí donde estaban más presentes. Hoy el poder parece más como una gran nebulosa, una estrella moribunda inmensa, difusa y compuesta en su minoría de luz visible para el ser humano y en gran parte constituida por espectros o vibraciones inasequibles para nuestro umbral sensible.


Sería inocente creer hasta este punto que nuestra experiencia en las sociedades modernas es independiente de los sistemas de fuerzas que rigen el universo, sin embargo es innegable que el ser humano fue posibilitado y posibilitó la creación de microcosmos terrenales, con ello relaciones de poder que operan desde las fuerzas de la técnica humana, comúnmente llamadas dispositivos o herramientas.


La medida de todas las cosas: la arquitectura.


Para Nietzsche, Sócrates institucionalizó la razón en la cultura occidental. ¿Podríamos pensar que Sócrates, un insignificante ciudadano ateniense, sin ningún dispositivo más que la nada masiva mayeútica instituyó la razón en el pensamiento occidental? y ¿qué pasa con la Edad Media?, ¿cómo se perpetuó bajo la sombra del régimen eclesiástico y las monarquías para quienes la razón habría representado la mayor amenza?. Tuvo que haber algo más difuso, oculto, más poderístico...


¿Por qué no pensar que la razón no sólo sobrevivió sino se reprodujo con, desde y fuera de los grupos dominantes?, ¿qué instrumento pudo haber pasado desapercibido a tales regímenes de vigilancia?. Hoy podemos imaginar que la arquitectura y los primeros intentos de planeación urbana cometieron tal blasfemia. La razón ha sido el refugio del ser humano ante el universo trágico y podemos creer que el primer refugio que institucionalizó la razón se remonta a los orígenes de la civilización sedentaria, a su arquitectura sembrada. La primer línea de propiedad que alguien midió y donde trazó su ley, matando a Dios y dominando la naturaleza.


En su afán de negar el devenir trágico, el ser humano en su construcción de la medida a través de la fabricación de lo medible, optimizó una serie de valores estéticos, morales, productivos, económicos, culturales, etc. y los transcribió a la práctica por medio de dispositivos como leyes, códigos, tratados, ciudades, religiones, tradiciones, estilos y sobre todo arquitectura: la puesta en escena del poder, su gran escenografía. No satisfecho con los principios fisio-arquitectónicos del primer habitáculo, el mono desnudo constituyó otros elementos en sus edificaciones y las cargó de carácter, haciendo así posible la diferenciación entre palacios, mercados, edificios religiosos, galerías y mausoleos, que se han adaptado y evolucionado con los valores y demandas de cada época. Actualmente todos padecemos estas tensiones entrópicas de la arquitectura poderística.

Breve arqueología del museo


El museo moderno es un dispositivo de raíces difusas, generalmente se afirma que proviene de la evolución de los mausoleos (edificaciones funerarias), siendo estos nombrados así en referencia a la tumba del Monarca Marsolo, edificada como un monumento funerario por órdenes de su esposa Artemisa II de Caria. Pensemos en Mausoleos como el Taj Mahal, un monumento construido en el S. XVII por el emperador musulmán Shah Jahan en honor a su difunta esposa favorita Arjuamand Banu Begum (Muntaz Mahal), un edificio que descartando el hecho de haber sido un reto constructivo liderado por el arquitecto de la corte Ustad Ahmad Lahori, representó una odisea conceptual, es decir, bajo el encargo de una edificación completamente desinteresada de funciones (la obra por la obra), no había otro camino más que hacer del monumento un espacio contemplativo, el arte por el arte.

Sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que esa es la intención formal del museo moderno, sin embargo hoy no hablamos de un espacio para lxs muertxs y por tanto tenemos un cambio de función y carácter, tal vez un poco más análogos al Panteón de Agripa, el museo moderno del S. XVII- S.XIX fungió como espacio de exposición de deificaciones artísticas.

Poderística del museo moderno


Actualmente nuestros monumentales museos modernos, heredados del siglo XX, siguen arrastrando intereses que no son útiles para la vida contemporánea. Nuestros pasados inmediatos construyeron mausoleos para una serie de creaciones que estaban no sólo muertas antes de nacer, sino asesinadas por nuevos medios que amenazaban la conservación de las burbujas intelectuales con la popularización del arte. Sin más, hablando del nacimiento de la fotografía y del cine podemos entender la preocupación de las últimas élites aristocráticas por la desinstitucionalización de su saber; ante esto, lxs grandes eruditxs gritaron al mundo por qué no merecían todxs ser artistas y traicionando sus propios preceptos, impulsaron muchos de los jóvenes movimientos artísticos [de gremio] más fructíferos de todos los tiempos. Y no bastó la escena para llevar a cabo la institucionalización de estas obras, sino que aprovechándose de las innovaciones tecnológicas de la obra civil y la reciente estetización fascista de la industrialización, reclutaron a [los] arquitectos modernos para edificar su escenografía. El último suspiro del arte gremial daría un festejo en los templos de modernidad, inmortalizándose en sus propios mausoleos.


El museo moderno es una construcción del saber posaristocrático y después de la prisión, podría ser candidato occidental a una de las tipologías arquitectónicas con la aplicación de los dispositivos más explícitos de control y vigilancia. Y en nuestro contexto latinoamericano, institución de la cultura colonial, racial y clasista.


Declaración: alternativas para un museo sin muros


El museo moderno hoy no tiene una auténtica cabida en nuestras dinámicas sociales, mas que como la escenografía polvorienta de aquella puesta en escena y síntoma de la decadencia postaristocrática del S.XX.


Soy arquitecto periférico y aunque admito que el diseño de museos es uno de los grandes fetiches de la profesión, no puedo evitar enunciarme desde el radicalismo. Y respondiendo las palabras de Carlos Val, "si el poder yace en las estructuras, entonces aquellos que las diseñan juegan un papel primordial dentro de las relaciones sociales que generan", el papel que quiero jugar en esta sociedad es antireformista y completamente radical, el museo debe estar allá afuera donde se pueda reproducir, donde todxs podamos verlo y participar de él, un museo sin museo, arte sin muros, accesos, controles, ni circulaciones.


En la época del iPhone, el feed de Instagram y el Kindle, todxs deberíamos desdeñar estas instituciones de resguardo del poder intelectual y en el mayor estado de desorden del microcosmos terrenal, todxs deberíamos ser artistas nómadas, porque el arte reproducible y dinámico es la potencia de acción y de resistencia de las masas ante formas de poder institucional que nos oprimen constantemente.


Referencias:


-Benjamin, Walter. (2018). La obra de arte en la época de su reproducción mecánica. Madrid: Casimiro.


-Deleuze, Gilles. (1984). La imagen-movimiento. Estudios sobre cine I. España: Paidós.


-Sontag, Susan. (2006). Sobre la fotografía. México: Alfaguara.


-Bayer, Raymond. (2003). Historia de la estética. México: FCE.


-Sontag, Susan. (2011). Contra la interpretación y otros ensayos. México: Debolsillo.


-Nietzsche, Friedrich. (2012). El nacimiento de la tragedia. Madrid: Alianza.


-Nietzsche, Friedrich. (2020). Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida. Madrid: Edaf.


-Deleuze, Gilles. (2015). Foucault. España: Paidós.


-Goethe, J. Wolfgang. (2019). Teoría de los colores: las láminas comentadas. Barcelona: Editorial Gustavo Gilli.


-Foucault, Michel. (2019). Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Madrid: Alianza.


-Foucault, Michel. (2019). Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Madrid: Alianza.


-Morris, Desmond. (1860). El mono desnudo. México: Debolsillo.


-Los Tres iniciados. (2012). El kybalion. México: Sirio.

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