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Fighting for. La restauración, la historia y los feminismos.

Actualizado: abr 25


Sin título. 2019. Ilustración por: Adrián Baruc Mayen.

Siempre he querido estudiar restauración. La idea de “devolver al estado original” a las manifestaciones artísticas de la humanidad me causa emoción; es la parte viva de la historia, esa que podemos intervenir materialmente y conocer más allá de las narraciones escritas. No nos damos cuenta, pero la restauración es una profesión silenciosa. Existe desde hace mucho tiempo, y sin embargo, quienes la ejercen permanecen en condición anónima, a menos que surja alguna polémica, alguna muy buena o muy mala intervención, o algún caso en el que el papel de la restauración sea completamente imprescindible.


Pero realmente, ¿Cuándo nos hemos puesto a pensar, a conciencia, el papel de la restauración en nuestras vidas? ¿realmente lo habíamos considerado como relevante, más allá de las artes plásticas y -a veces- la arquitectura? Es posible que la respuesta sea negativa, por el hecho, de nuevo, de que esta es una profesión sigilosa, con identidades colectivas y muy pocas individuales. Que hace mucho desde espacios poco concurridos.

¿Es esta una casualidad? Podríamos decir que sí. Sin embargo, es menos casual cuando encontramos que, al menos en la actualidad, el gremio de la restauración está conformado casi en su totalidad por mujeres. Estuve buscando estadísticas, números, datos duros que respalden mi afirmación, sin embargo, a lo único que pude llegar fue a los testimonios de mis compañeras que actualmente son alumnas de la Escuela Nacional de Conservación Restauración y Museografía (ENCRyM) de la Ciudad de México. Aunque la restauración surge del campo de las artes plásticas, y en México comienza a desarrollarse como disciplina masculina (desde el campo de la arquitectura y con la participación de algunos pintores), en fechas recientes los papeles se han volteado.


Con el caso de la colectiva Restauradoras con glitter, la condición de la restauración en México salió de sus trincheras y se colocó en el frente de la discusión pública. No solo se hizo visible el papel de esta disciplina en nuestra vida cotidiana, también la relevancia de estas mujeres que intervienen en la conservación del patrimonio cultural de manera seria y profesional salió a la luz.


La manera en que esta colectiva salió a la luz fue bastante paradójica: después de las protestas feministas del mes de agosto de 2019, aquellas en que las mujeres rociaron al jefe de la policía de la capital con diamantina rosa y un grupo de ellas intervino mediante consignas pintadas la Columna de la Independencia (por cierto, obra del arquitecto mexicano Antonio Rivas Mercado e inaugurada en el marco de las celebraciones del Centenario de la Independencia en 1910), fue “necesario” -según el decir de algunxs- que el llamado Ángel fuera devuelto a su estado original. Las instituciones encargadas, que ya tenían proyectados trabajos de conservación para este monumento nacional, apresuraron los trámites y, casi de inmediato, comenzaron las tareas de mantenimiento -y eliminación- de las expresiones de las compañeras.


“Restauradoras con Glitter, un colectivo independiente integrado por 547 arquitectas, historiadoras, historiadoras del arte, arqueólogas y expertas en trabajos de conservación y restauración del patrimonio, compartieron una carta en redes sociales para pedirle a las autoridades no remover las pintas hasta que no se atienda el problema de violencia de género que hay en el país”(1). Ellas se posicionaron bajo el argumento -válido- de que los monumentos deben resignificarse para mantenerse vigentes dentro del horizonte social. Se llegó a una especie de acuerdo y se aceptó mantener estas expresiones como recordatorio del momento histórico por el que estamos atravesando.


Sin embargo esto no fue sencillo: “José Alfonso Suárez del Real, secretario de Cultura de la Ciudad de México, desestimó la iniciativa pues considera(ba) que sus integrantes tal vez no tienen el “conocimiento” que poseen las instituciones involucradas en el proceso de restauración.” No importaba cuanto hubieran estudiado o que tanto conocimiento tuviera esta colectiva sobre los temas que involucran estos sucesos, el hecho de ser mujeres combatientes e inconformes era más relevante y permitía que se desestimaran sus opiniones.


Desde estas instituciones se comisionó a un grupo de personas para que restaurara la Columna, y a alguien se le ocurrió que, alguna de las mujeres que estaba llevando a cabo las labores primeras de limpieza para la conservación, era una “verdadera feminista” y no como aquellas que habían vandalizado el tan preciado monumento. Esto fue “viral” en Facebook, y la mujer que fue objeto de la fotografía que apareció acompañando al post, comentó que era parte de RcG y que apoyaba la conservación de las pintas en conjunto con la del monumento como actores sociales.


La Columna de la Independencia fue el detonante del surgimiento de esta colectiva, y uno de los apoyos más fuertes para visibilizar el complejo trabajo de la conservación y la restauración. Para nosotrxs, personas interesadas en las manifestaciones humanas denominadas como artísticas y etiquetadas como históricas, este posicionamiento resultó relevante. A través de las Restauradoras… y de la labor constante que han tenido desde su profesión hacia los feminismos y los diversos problemas sociales que aquejan a las mujeres, hemos podido replantearnos la función de los monumentos: ¿estos sirven realmente para algo?


Dentro de la disciplina histórica, existe una corriente llamada “historia de bronce”, en referencia al material con que se elaboran algunos monumentos. Esta se denomina así por exaltar a determinados personajes sobre de los procesos en los que participaron. Este tipo de interpretación fue muy criticada en nuestro país por algunos intelectuales durante el siglo XX, ya que se consideraba como aquella que “recoge los acontecimientos que suelen celebrarse en fiestas patrias, en el culto religioso, y en el seno de instituciones; se ocupa de hombres de estatura extraordinaria (gobernantes, santos, sabios y caudillos); presenta los hechos desligados de causas, como simples monumentos dignos de imitación”(2). Es decir, no funcionaba más que para limitar el conocimiento en un espacio específico, el que convinera a quien la diseñaba.


¿Será pertinente tomar estas palabras y transportarlas a los bronces físicos? ¿De verdad sirven de algo estas estatuas aunque en nuestra actualidad, a veces, ni recordemos para qué fueron realizadas? ¿Resignificar los monumentos según nuestro horizonte social resulta entonces necesario?.. y de la labor constante que han tenido desde su profesión hacia los feminismos y los diversos problemas sociales que aquejan a las mujeres, hemos podido replantearnos la función de los monumentos: ¿estos sirven realmente para algo? .


Este tipo de reflexiones son las que nos han dejado estas manifestaciones. Mas allá de pensar en que, algún día y si las cosas no cambian, alguna de nosotras pueda ser la siguiente, nos dejan la labor social e intelectual de reflexionar acerca del funcionamiento social de los lugares comunes en la ciudad. ¿por qué el gobierno, en marchas posteriores a las de agosto, se empeñó más en proteger los edificios y no a las mujeres que protestaban? Esto pareciera un mensaje, que esperemos cambie. La prioridad máxima es el bienestar de las personas que habitamos en este país, sino ¿a quién se le va a enseñar esa historia que tanto defienden por los monumentos?...


Referencias:

1. La carta está disponible en las redes sociales de las Restauradoras con Glitter (Facebook, Twitter e Instagram). Estos datos fueron extraídos de la entrevista realizada por Letras Libres a estas mujeres, que está disponible en: https://www.letraslibres.com/mexico/arte/entrevista-restauradoras-glitter-queremos-que-exista-un-registro-minucioso-del-miedo-enojo-e-indignacion.


2. Luis González y González, “De la multiple utilización de la historia”. En: Carlos Pereyra, et al., Historia, ¿para qué? (México: Siglo XXI editores, 1980) 65.

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