• Carlos Val

El minimalismo corrupto. Una declaración sobre blanquitud, arquitectura y aquello que esté en medio.

Actualizado: ago 4



Il potere é logístico. Blocchiamo tutto!

-Anónimo/a

Esto no es misa, pero vine de blanco.

[…] sobra prosperidad, eso lo sabe el banco.

- J. Balvin



Los templos de la modernidad


Imagina el siguiente escenario: entras a un casino, que al mismo tiempo es un centro comercial y simultáneamente funciona como centro religioso. Apuestas, compras y religas.


El museo es un centro de constantes transacciones: pagas el boleto de entrada, prestas atención, compras souvenirs, donas tus servicios, importas, exportas, transfieres, vendes, das y recibes. Es también el punto de encuentro para intelectuales, influencers, pequeños burgueses y fieles creyentes. Un espacio donde se discute si los documentales de Werner Herzog son en realidad ficciones autobiográficas y se toman miles de selfies diariamente; donde se pierde, se gana, se estafa, se roba y se malversa.


Si bien, es cierto que los museos son centros de actividad económica, social y cultural, también son centros de lo que para mí representa una de las problemáticas actuales más importantes: las privatizaciones y la creación de nuevos capitales. En el 2017 comencé una investigación con el supuesto de que la violencia que vivimos hoy en día no es de tipo política o social, sino biopolítica, es decir, que refiere directamente a las formas de vida y su administración dentro de esquemas taxonómicos que oscilan entre lo biológico, lo político y lo económico [1], y que a su vez es derivada del proceso de modernización occidental comenzado con la invasión de territorios alrededor del globo por parte de las principales potencias europeas. Esta investigación me dirigió a la, muy probablemente, primera experiencia significativa que he tenido frente a un vestigio de esta modernidad fallida: el museo de arte moderno.


La modernidad, como proceso, significaría el paulatino triunfo de las privatizaciones: lo privado es hoy en día la manera en que se articula la ideología colonial y supone la conquista de la individualidad como forma de organización global. Desde esta perspectiva, el museo es uno de los principales ejemplos de dicha idiosincrasia en territorios latinoamericanos. El modelo arquitectónico es este museo continúa un linaje comenzado con la creación del Museum of Modern Art en Estados Unidos en 1939 y cuyo modelo museístico se expandió en Latinoamérica a mediados del siglo xx con el auge de la arquitectura metropolitana y de vanguardia, que demarcaba el estilo que las instituciones culturales en el marco de la globalización debían poseer. [2] Dentro de este lugar son reflejadas ciertas características inherentes a este linaje, entre las que destacan la higienización de los espacios, la substracción del contexto, el aislamiento de las obras y la clara demarcación entre lo interno y lo externo. [3]


Es también dentro de este espacio, donde se han discutido y puesto en marcha mecanismos formulados como respuestas éticas a otras problemáticas que perfilaban desde la modernidad -la formación de entidades políticas trasnacionales, los conflictos culturales derivados de las estructuras jerarquizadas, la penetración del capitalismo neoliberal en la organización colectiva- y donde se han dado de alguna u otra manera un cauce a éstas matizando la tradición de la que provienen. Su diversificación, sin embargo, ha reiterado únicamente las lógicas de los mecanismos que, paradójicamente, son el aparato que regula estas privatizaciones. El museo, al demarcar su sentido de lo privado, privatiza su sentido de lo público. Como resultado, esta burbuja, aún con toda esa amplitud crítica de públicos y contenidos, sigue perteneciendo a una élite muy pequeña, y siguen siendo ellos quienes construyen los espacios destinados a mostrar arte en la actualidad. En otras palabras, la arquitectura del museo moderno es el origen del museo blanco, blanqueante y blanqueable, con una falsa responsabilidad ética y un escaso -tal vez inexistente- sentido de inclusión para nuestras diversas comunidades.



Sergio Mejía, Museo Morelense de Arte Contemporáneo [JSa]. 2020. Tinta.


Nadie es inocente (todos somos culpables)


No hace falta reafirmar que todos formamos parte de distintas comunidades y que éstas se construyen de manera colectiva. Si pensamos entonces en el museo como una colectividad, parcialmente podríamos darnos alguna idea de lo que nuestras tareas conllevan, pero quisiera hacer énfasis en una en particular: la de los arquitectos. ¿Qué papel juega el arquitecto dentro de las relaciones sociales de este espacio?


El poder está en las estructuras [4], afirmaba(n) el/la/los/las escritor/a(s) de A nuestros amigos, publicación anónima del 2014. El poder subyace no en las personas, sino en las estructuras que nos contienen: aquel puente que cruzamos todos los días, el parque donde paseamos a nuestro perro, las escuelas que frecuentábamos cuando éramos niños y, básicamente, todos los espacios que habitamos día con día. Si el poder yace en las estructuras, entonces aquellos que las diseñan juegan un papel primordial dentro de las relaciones sociales que generan. Los museos (y la arquitectura en sí) se convierten en artefactos de poder bajo esta perspectiva y le dan al arquitecto una posición de responsabilidad frente a numerosas decisiones.


El hacer que un museo funcione como un museo requiere de un espacio destinado al público y otro destinado a la obra; a ojos de cualquier persona esto podría significar el pasillo del museo y una monumental pared blanca que sostenga la obra. El sobreentendimiento de las lógicas bajo las que opera un espacio es ya en sí el comienzo de su reiteración diseñística y por lo tanto del pensamiento que le da origen. La decisión de construir un edificio con ciertas características no es tarea del arquitecto, pero el decidir hacerlo o no sí lo es. Seleccionar el espacio, los materiales, el área y la zona a ocupar, la población destinada, el público meta entre otras cosas son todas decisiones de índole ético y por lo tanto juegan un papel importante dentro de los vínculos que generará ese edificio e, indudablemente, en el impacto que tendrá de manera futura sobre la población que le frecuente.


La decodificación ética de una realidad estética


La arquitectura creada para satisfacer las necesidades de una clase creativa saciada de novedad es simplemente otra forma de mercancía. Actualmente enfrentamos la exigencia de repensar las estrategias, lógicas y sistemas de aquellos modelos de pensamiento de alguna forma han generado sociedades endogámicas y espacios exclusivos. Una relación entre política y arquitectura que tenga un interés ético detrás, tiene que afrontarse hoy en día a una idea privatizada de la arquitectura. Como un despliegue público del potencial político de la arquitectura, ésta debería estar pensando en las bases ideológicas que le cimientan y en aquellas a las que va a cimentar; dicho de otro modo, la arquitectura ideal es aquella que piensa en la transformación como una realidad estructural.


Una de las tareas más importantes del arquitecto hoy día es la de rechazar el sistema ideológico bajo la que operan los diseños de las construcciones blanqueantes y que afectan de manera nociva nuestras sociedades para proponer una arquitectura ética basada en la generación de nuevos espacios que funcionen como plataformas para nuevos públicos, nuevos diálogos y nuevas ideas, así como enlazar diversas referencias con la realidad directa para explorar y representar su amplia esfera cultural, articular una posición crítica y cuestionar aquello que éticamente hemos dejado a un lado.

Referencias:


[1] Jon Solomon, Translation, Violence, and the Heterolingual Intimacy.Publicado en European Institute for Progressive Cultural Policies. Consultado por última vez el 19 de mayo de 2018. [Disponible en: http://eipcp.net/transversal/1107/solomon/en].


[2] Alejandra Panozzo, Sandra Escudero. Identidad de los museos de Arte Contemporáneo. Entre el patrimonio y el mercado. Conserva 20. (2015) 43-53.


[3] Bryan O’Doherty, Inside the white cube. The ideology of the white space. The lapis press (San Francisco: 1986).


[4] El comité invisible, A nuestros amigos. Publicado por indymedia.org. Consultado por última vez el 21 de diciembre de 2019. [Disponible en: http://mexico.indymedia.org/IMG/pdf/a_nuestros_amigos_-_comite_invisible.pdf].



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