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Discurso mediático de las protestas feministas en CDMX: contexto y (deficiente) cobertura.

Víctor Valencia



Sin título. 2020. Ilustración por: Víctor Valencia.

Protestas violentas. Destrozos. Vandalismo. Estas son algunas de las palabras en las que se centraron los medios de comunicación para hablar de las marchas feministas realizadas en la Ciudad de México (CDMX) el 16 de agosto, el 28 de septiembre y el 25 de noviembre de 2019.


El discurso mediático se concentró en estas frases, en retratar estos acontecimientos antes, durante y después de las movilizaciones, pero ¿por qué? Hay una respuesta que, seguro, diría cualquier editor y/o jefe de información de los medios nacionales: “porque vende”, “porque llama la atención”, “porque genera clics”.


Claro, es la respuesta sencilla a las necesidades de quienes obtienen ingresos. Además, es la manera en la que forman a los periodistas en las escuelas de periodismo. Muchos profesores repiten lo mismo durante sus clases de géneros periodísticos: “buscar el elemento noticioso, lo que impacte a la sociedad”. No lo que informe. No lo que interprete la realidad social. No el trasfondo. NO. Se necesita un aspecto que haga voltear a los espectadores hacia la portada para comprar periódicos, para dar clic en la nota, para adquirir la suscripción. Y esto se vio reflejado en el tratamiento de la información de las marchas feministas.


En esta época capitalista y neoliberal, aunado a la rapidez de la modernidad, generar ingresos monetarios es fundamental. En los medios de comunicación importa poco informar a la sociedad (más cuando se trata de acontecimientos que golpeen al Estado y a las empresas). Por eso se cubrieron así las movilizaciones, como algo que le causa daños a la ciudad, que no sucede todos los días; que más que ayudar, perjudica a los ciudadanos.

¿Y en qué actos se refleja ese daño hacia todos los ciudadanos que disfrutan la ciudad en su andar cotidiano? En las pintas, en los “destrozos”, en el fuego, en el acto de aventarle diamantina rosa a un funcionario. Y, para los medios, eso es lo que hay que informar. No la rabia, no lo que provocó la manifestación, no los nueve feminicidios al día. NO.




16 de agosto de 2019

“No me cuidan, me violan” fue una de las principales consignas durante la protesta feminista denominada “Diamantada”, nombre obtenido debido a que cuatro días antes, el 12 de agosto, le lanzaron diamantina rosa a Jesús Orta, jefe de la policía capitalina.

Dicha movilización comenzó en la Glorieta de Insurgentes y llegó a las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Estuvo motivada (entre muchos otros casos) por la violación de una chica de 17 años por cuatro policías de Azcapotzalco, así como el caso de una chica menor de edad abusada sexualmente por un policía en el Museo Archivo de la Fotografía.

Expansión tituló a su nota: “Mujeres protestan contra la violencia; grupo causa destrozos”. Días después, Proceso publicó “Algunos costos de la marcha feminista”, donde se habla del “daño” causado al Ángel de la Independencia.

Los medios se centraron en algunas situaciones: las pintas en el Ángel de la Independencia, los “destrozos” en la estación Insurgentes del Metrobús. Debido a esto, el 17 de agosto de 2019, el colectivo Mujeres+Mujeres, en la plataforma Medium, publicó “Nuestra protesta no es violencia; Exigimos medios de comunicación con Perspectiva de Género en México”, donde versa lo siguiente:

Específicamente, la cobertura de estos medios tuvo las siguientes características:

  • Omitió el propósito de la marcha al enfocar tanto sus titulares como el contenido de las notas en los actos de vandalismo, minimizando el contexto de la protesta y las peticiones de las manifestantes.

  • Responsabilizó a las mujeres de todas las agresiones físicas emprendidas contra periodistas, otorgando más relevancia a este hecho que a la violencia sistemática contra las mujeres en el país.

  • Privilegió la idea de que el enojo de las mujeres es irracional y desubicado, cuando toda la evidencia apunta a que la violencia de género es un fenómeno sistemático, con raíces históricas y con sucesos cotidianos que la reproducen. Considerar que los daños materiales son mayores a los daños humanos y sociales, es también una forma de violencia.

  • Reprodujo la violencia en el discurso al deslegitimar las causas feministas mediante la valorización de las formas de protesta.

Esos fueron algunos de los problemas más importantes que se encontraron en las notas. Para evitar seguir reproduciendo ese discurso, habría que revisar el libro dos del Kit de Recursos para un Periodismo Ético con el Género, en el apartado ocho “Violence agains women: Reporting sexual violence” hay una introducción que dice: “Reporting on sexual violence demands special care and increased ethical sensitivity. It requires specialised interviewing skills, understanding of the law, and basic awareness about the psychological impact of trauma.” (“Reportar y cubrir casos de violencia de género conlleva una responsabilidad adicional. Cualquier cosa que no sea romper el silencio que a menudo rodea los actos criminales de violación, agresión y feminicidio respalda el statu quo que minimiza y excusa el impacto de la violencia y pone en peligro a las mujeres en todas partes”).


28 de septiembre y 25 de noviembre

Fueron las fechas donde hubo más hostilidad por parte de los medios de comunicación en contra de las marchas feministas.


El 28 de septiembre, después de la marcha feminista a favor del aborto gratuito, libre y seguro, hubo varias notas de diversos medios que cubrieron el acontecimiento. Las titularon de maneras bastante diversas, lingüísticamente, pero iguales en esencia:

Animal Político: “Manifestantes hacen pintas y destrozos durante la marcha a favor de la despenalización del aborto”.


MVS: “Se repiten actos vandálicos en marcha feminista para exigir legalización del aborto”.

El Imparcial: “Marcha en favor del aborto deja destrozos en CDMX.

Tv Azteca: “Marchan por aborto seguro; queman puerta de Cámara de Comercio.

Excélsior: “Otra vez causan destrozos; el vandalismo opaca protesta feminista en la CDMX”.

Ningún medio de comunicación informó con perspectiva de género. No hubo un acercamiento optimo a la noticia, ni siquiera una mínima investigación de los casos o de la violencia histórica y sistemática que sufren las mujeres en México, un país donde, de acuerdo con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, en 2019 se estimó que el 56% del territorio activó la alerta de género. Un país donde, según ONU Mujeres, en 2018 al menos 9 mujeres son asesinadas diariamente; y, por si fuera poco, aproximadamente el 70% de mujeres han sufrido algún tipo de agresión sexual (ENDIREH, 2016).

Los titulares del 25-26 de noviembre no fueron muy diferentes. Desde que comenzó la manifestación feminista del Día de la no violencia contra la mujer, la cobertura mediática comenzaba ya con los prejuicios de los “incidentes” anteriores. Aquí algunos ejemplos:

MVS: Realizan destrozos durante marcha feminista en CDMX.

Chilango: Encapuchadas vandalizan monumentos e instalaciones en #MarchaFeminista.

Reporte Índigo: Se registran incendios, petardos y destrozos durante la marcha feminista.

AM: Empañan mujeres encapuchadas marcha contra la violencia a la mujer.

De esta manera, se observa el mal tratamiento de la información, donde se continúa la reproducción del machismo. En otras notas y secciones se habla de los cuerpos de las mujeres, o de su responsabilidad en su propia muerte. Aquí, en las protestas, se reproduce al no tratar el tema de fondo, al culpar a las mujeres por las pintas, los vidrios rotos y el fuego en calles y puertas.

El dañado es el Estado, y nadie menciona el daño causado por los feminicidios y las violaciones, sino que lo viran hacia el daño a las calles y monumentos “históricos” que son patrimonio nacional. “El Estado opresor es un macho violador”, dice la canción “Un violador en tu camino”, compuesta por el colectivo feminista chilenas Lastesis.

Desde ese discurso machista es como se trata de minimizar el movimiento y la violencia de género. Pues el patrimonio es de todos y todas. De acuerdo con el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), del Instituto de Investigaciones Jurídicas, dice que el patrimonio nacional es la totalidad de bienes derechos y obligaciones en donde el Estado es el propietario y que sirven para el cumplimiento de sus atribuciones conforme a la legislación positiva.

Las pintas, las manifestaciones, las protestas, los “destrozos” no deberían ser llamados así, sino apropiación del espacio. Las mujeres pusieron el cuerpo para representar la rabia de diferentes maneras. No es vandalismo. No es delincuencia. No son grupos pagados por nadie. Son mujeres enojadas con un país, con una sociedad, que las acosa, abusa de ellas. Por eso gritan, rayan “monumentos”, queman puertas y rompen estaciones del Metrobús, para ser vistas. No son letras sin sentido o manchas en las paredes, son bocas que piden ser escuchadas y no silenciadas.

Ya lo habrían dicho el colectivo Restauradoras con glitter en relación con estas pintas, específicamente al Ángel de la Independencia: “…comprendemos su causa, el problema de fondo que representan y su valor testimonial como demanda de una sociedad en equidad.” Causas y valores que no entienden quienes gobiernan, ni la sociedad en general, ni los medios de comunicación. Prefieren ver una mujer asesinada que un monumento pintado.

Ocupar espacios, ya sea acuerpando, pintando o rompiendo, es algo que siempre se ha realizado en la lucha feminista, ya que de esta manera (no la única) es como se expresa el enojo, se rompe la cotidianidad y provoca voltear las miradas. Como lo afirmó María Montoya, estudiantes de teatro en el INBA y feminista, en su artículo La lucha de las mujeres y la marcha del 16 de agosto (Feminismo en México: fuerza, lucha y justicia):

“Nos llaman feministas radicales por los destrozos realizados en el Ángel de la Independencia, en el Metrobús de la Glorieta de Insurgentes y en edificios aledaños, pero muchas mujeres que no acudieron a la manifestación del viernes 16 de agosto estuvieron a favor de nuestra movilización y sus acciones… Solamente hay una explicación. Se llama indignación, enojo, cansancio, sed de justicia y frustración.”


“No son maneras”, dicen algunos, pero ¿cuáles son las maneras? Si salen a manifestarse y quemarlo todo para que se logra observar el problema, la sociedad las recrimina. Si salen a bailar frente a una universidad, la sociedad se ríe. Si hacen una coreografía en todo el mundo, futbolistas, dj’s y otros la imitan para reírse de la protesta. ¿Qué se necesita para ser escuchadas, leídas, atendidas? Ellas luchan y resisten, pero las personas no les hacen caso.


Las esculturas, edificios, monumentos, calles y negocios se limpian, se arreglan, se restauran (a veces tan rápido y sin cuidado que los dañan más), pero la salud mental, física y las vidas de las mujeres no regresan.


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