• Carlos Val

De lingüística e interpelación. Tres casos.




1. Existe un término de la lengua inglesa que me gusta mucho: acknoledgment. El vocablo tiene su origen a finales del siglo XV y proviene, muy probablemente, de los términos medievales aknow (entender) y knowlechen (admitir)1; asimismo posee el sufijo -ment que significa acción o resultado de, por lo que su significado más próximo sería el de “Acción de admitir conocimiento”. Su traducción al español es el verbo reconocer, aunque el significado de reconocer (conocer de nuevo) difiere mucho del de acknowlegment (admitir conocimiento). Sé que las palabras no deben ser interpretadas desde su origen, pero, particularmente creo que las etimologías nos dan un cierto acercamiento a las ideas detrás de éstas, después de todo, una palabra es tan solo una caja que contiene una idea.


Presté particular atención a esta palabra hasta hace unos meses durante un seminario que tomé con la doctora Helen Gillbert, donde hablábamos sobre la interpelación, otro tema que también me despierta gran interés. Recuerdo que Gillbert mencionó la frase “interpellation is the acknowledgement of one’s position through the use of other’s language” (La interpelación es el [acknowledgement] de la posición de uno a través del uso del lenguaje de alguien más). Si sustituimos los corchetes por la palabra reconocimiento, la oración tomaría un sentido de reconocimiento espacial: reconocer la posición propia en un espacio a través de las palabras de alguien más o, dicho de otra forma, observar el lugar en el que siempre has estado y al que no habías prestado atención por el hecho de que alguien más lo mencionó; mientras que, si realizamos la misma operación utilizando la definición más cercana a acknowledgement, la acción tomaría un giro de reconocimiento factual: admitir (después de ser inculpado) que el conocimiento de nuestra posición ya era sabido y verdaderamente era otro al mencionado, es decir, aceptar como verdadero lo que la otra persona expresa y renunciar a la palabra propia: mover nuestro sentido de veracidad al discurso del otro.

En ambos casos la definición de interpelación funciona. En ambos sentidos se confronta a un individuo para que brinde determinadas explicaciones sobre algo en específico, pero los medios utilizados son distintos.


La importancia respecto a las palabras que utilizamos es grande, y de ahí que la responsabilidad detrás de su uso también lo sea. Los procesos que seguimos son de suma relevancia respecto al resultado que esperamos; a pesar de que diversos procedimientos conlleven el mismo resultado, no significa que crucen las mismas ideas, que involucren a los mismos sujetos o que sus reverberaciones sean idénticas. El escribir un texto es ya en sí un acto de interpelación, pues quien escribe confronta al lector esperando que sus palabras reverberen en los pensamientos de éste, pero, ¿de qué manera interpelamos a nuestros lectores? ¿Son los medios que utilizamos propios a nuestros fines?.


2. Soy artista visual de formación y profesión. Me dedico a la investigación artística y he tenido la oportunidad de ejercer también como asistente de producción, fotógrafo y gestor. Quisiera redundar un poco en mi perfil porque comencé este texto hablando de un tema que quizá competa más a un lingüista o aquellxs dedicadxs a las letras. Es aquí cuando agrego que también me dedico a la enseñanza de lenguas extranjeras, particularmente de inglés, alemán y español para extranjeros, además de ser un aficionado del estudio de las lenguas y un fanático de los textos de semiótica y filosofía lingüística. Esto, de alguna u otra manera, justificaría mi primera intervención, pero, ¿cómo justifica esto mi participación en un proyecto de arquitectura?

La relación entre las artes visuales y arquitectura es bastante cercana. Basta solamente mencionar el trabajo de artistas que han trabajado desde la arquitectura como Luisa Lambri, Gordon Matta-Clark, Ólafur Elíasson o Maya Lin; arquitectxs que han incursionado a las artes visuales, como Tatiana Bilbao, Norman Foster o Zaha Hadid; así como proyectos que escapan de cualquier definición, como la arquitectura social de la plataforma Nerivela o los Espais en blanc de Marina Garcés. El escribir sobre arquitectura es de igual manera un acto bastante común en el círculo artístico, donde proliferan las publicaciones sobre grandes figuras como Luis Barragán o Tadao Ando, y se escriben reseñas de mil y un formas sobre los pabellones de la Bienal de Venecia, con los que los artistas comparten espacio (geográfico) cada dos años.


Escribir sobre arquitectura desde un medio saturado de novedad como las artes visuales resulta entonces una tarea “sencilla” e incluso innecesaria. ¿Para qué empeñarse, entonces, en escribir reseñas, artículos o ensayos como éste? Mi respuesta es concreta: lo hago porque lo necesito. Habrá quienes piensen que desarrollar una idea a través de la escritura es anticuado, que las ideas pueden vivir en otros espacios fuera del texto. No negaré que muchas de sus aseveraciones son ciertas, pero habrá que dar mérito también al negro de las letras, a los espacios entre líneas, a la ligereza de las comas que configuran un espacio de lucha frente a las concepciones de una realidad convulsa y totalizante.


Las palabras de este texto están escritas desde esta posición delimitada del ser artista, y sin embargo me atrevo a preguntar pretenciosamente, ¿qué separa al arte de la vida? Con esta pregunta, las problemáticas que competen de la arquitectura o aquellas que atraviesan nuestros tiempos de hipermodernidad acelerada pueden

ser abordados desde la unificación de luchas necesariamente heterogéneas en las que se expresa la necesidad de una dimensión común. El fin que nos atañe es indistinto a las definiciones que habitamos y de la misma manera es en sí un espacio que nos habita. En tanto se repiense esta situación paradójica podremos comenzar a desplegar una serie de propuestas que envuelvan a esta dimensión común; habrá entonces que preguntarnos si los medios que estamos utilizando son los adecuados para alcanzar los fines que seguimos.


3. Volvamos a uno de los temas con los que comencé este texto: la interpelación. Como mencioné al principio, mismos fines no conllevan los mismos procedimientos, y es que a pesar que en esta plataforma el fin común sea hablar de la arquitectura de una forma crítica, no lo hará de igual manera una historiadora que un artista visual.


La época de la hipermodernización que afrontamos actualmente, exige al sujeto delimitarse dentro de una serie de clasificaciones a las que intentamos dar vida tan absurdamente como el querer dar vida a un cadáver putrefacto mediante respiración de boca a boca. Me parece que el uso actual de las definiciones para ceñir una disciplina es obsoleto, sin embargo, pienso también que el definirse en una época que nos interpela de manera excesiva para el uso de dichas definiciones es también una forma de posicionarse políticamente. Entonces, posicionarme aquí como artista visual o como docente de lenguas es para mí un confrontamiento político al fenómeno de la arquitectura. Esto implica que, como artista escribiré tal vez más sobre lo que concierne a la vida que a la arquitectura en sí, pero que hoy se impone como una crisis que tenemos que atravesar. Una trinchera que considero necesaria.


Como mencioné antes, escribir un texto es un acto de interpelación. Interpelar mediante un texto, conlleva la responsabilidad implícita de guiar al lector a un resultado. Yace aquí la necesidad de cuestionar el procedimiento de nuestras interpelaciones. ¿Queremos que el lector reconozca su espacio con nuestras palabras o queremos que las acepte como verdades? Un punto en común, como lo es arquitectura, supone que, desde las artes, la arquitectura, la historia, la ciencia o cualquier medio se puedan generar nodos de una dimensión nos implica y nos atraviesa, sin embargo, la creciente (falsa) productividad cultural ha amparado y alimentado a los “académicos críticos” de las últimas décadas que nos ocultan a simple vista las posibilidades que esconde el poder de la organización. Actualmente no disponemos de instancias críticas que sostengan discursos nuevos. Cianotypo surge desde esta necesidad y representa para nosotros una plataforma de diálogo para encontrar estos nodos.


La crítica de hoy en día, debe escapar de las trampas de la ideología, rehusarse a ser interpelada por un sistema global y al mismo tiempo interpelar con un sentido de compromiso. La crítica de hoy en día encarna la heterogeneidad de las voces que en sus búsquedas aquello que encuentran es el mundo, y quienes lo cuestionan para abrirlo como objeto de experimentación.


Me gustaría terminar con otra pregunta: ¿son las interpelaciones que hacemos lo suficientemente comprometidas para que otros también se sientan incorporados a nuestros fines? o, recontextualizando una de las preguntas que hice al principio, ¿son nuestros medios una forma propia de alcanzar un fin común? Me atrevería a decir que no lo sé y que solamente el tiempo responderá esto. Sin embargo, también me atrevo a aseverar que, seamos artistas, profesores, médicos, contadores o arquitectos, el mundo que habitamos nos implica en igual medida, y que afrontar esta realidad desde nuestra propia trinchera es el primer paso para develar una serie de posibilidades que permita, junto a otros, desarticular las redes previamente trazadas.



1 Acknowledge (2019) en etymonline.com. Recuperado de https://www.etymonline.com/word/acknowledge

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